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Inadorable y común de rostro

Laura

Laura es el nombre de una de mis dos princesas. Es una niña que me roba el corazón cada vez que estoy con ella, y sus abrazos, son los más sinceros que nunca me han dado. Además de ser su tía, soy su amiga, y ella, a pesar de ser mi sobrina mayor y contar sólo con ocho cortos añitos, también es mi amiga. Es adorable y lista, más lista que el hambre. Suele sorprenderme a menudo cuando en algún comentario inocente me desnuda el alma porque me conoce mejor de lo que yo pienso. A menudo.

Somos amigas porque compartimos secretos. No todos los secretos, eso espero que ocurra con el tiempo, cuando ella sea más mayor. A veces pienso que, a lo mejor, Laura quiere estudiar una carrera que sólo se encuentre en las facultades de Zaragoza, así se vería obligada, al menos por un tiempo, a vivir en la misma ciudad que su tía. No es un plan maquiavélico, es tan sólo una vaga esperanza. Y una estupidez porque donde ella vive tiene muchos más recursos que Zaragoza. Siempre he sido una ingenua...

Laura también es Dolores. Su pediatra la llama Maria Galletas. No hay excursión o paseo que no acabe con Laurita lesionada. A su corta edad ya tiene unas muletas rojo Coca-cola que ha usado en no pocas ocasiones. Cuatro si no recuerdo mal. Ayer discutíamos la ubicación de los esguinces... ¿En qué pie fueron mamá? preguntó al otro lado del hilo telefónico... En el derecho... respondió su madre desde otra parte de la casa con la voz en grito. Siempre termina diciendo: Donde vaya siempre tengo que llevarme un recuerdo. Y pone una carita...

Quien no me conoce se sorprende cuando exclamo cosas como jopeta o murudo, y otros alquileres en pago del recuerdo de estas dos, y me importa un pito lo que piensen los demás porque prefiero la compañía de mis niñas, que el resto del mundo me da muy poco, y éstas, amor incondicional. No crean que hablo de egoísmo, que estoy diciendo que lo dejo todo por estas enanas.

De mi otra princesa hablaré en otra ocasión porque entre las dos me vuelven loca y acabo con la contractura cargadísima, algún dolor de cabeza...y llena de "rotu"... pero qué honor más alto vivir entre princesas... ¡Qué alegría más alta: vivir en los pronombres!

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