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Inadorable y común de rostro

Arturo

Arturo

Últimamente pienso mucho en él. Seguro que por sus vidas han pasado un millón de maestros, profesores, catedráticos o cualquier subespecie de la clase docente. Seguro es, también, que tan sólo uno consigue hacer cosquillas a nuestra conciencia moral, porque nos sentimos obligados a que esté orgulloso de nosotros. La persona cuyo reconocimiento vamos buscando, la única que araña con sus críticas nuestras conciencias, arañazos que necesitan puntos de sutura. El Maestro con mayúsculas que enseña lo que sabe y lo que es, un educador en todos los sentidos de la palabra. Ese es Arturo. Y últimamente pienso más en él porque tengo entre mis manos aquello que él pagaría por ver, sufro la impaciencia de un hijo que prepara con mimo el regalo del día del padre. Mi malestar crece cuando la fecha, de existir, no será el 19 de marzo. Será cuando el cielo disponga. Y me muerdo la lengua hasta que sale sangre. Y no sé si podré aguantar (claro que sí) y que mal rato estoy pasando...

Arturo no es aficionado a los malabares de los dobles raseros, posee uno y único, por esa razón siempre me ha tratado de usted y se traga las adulaciones y las esconde tras sus gafas. No crean que soy la única encandilada por su magia, los que hemos pasado por sus aulas no lo olvidaremos (en buen o mal sentido, claro). A pesar de no caer en tentaciones subjetivas en cuanto a sus alumnos he de confesar que gracias a su intervención tuvimos nuestro primer cliente, miembro de su familia cercana. Arturo calla pero habla. Siempre he dicho que si él se hubiera encargado de las asignaturas de mi carrera, en mi pared colgaría, enmarcada, la licenciatura.

Hay que conocerlo, en principio parece un hombre duro e inflexible. En cambio lo que realmente encontramos es un hombre tremendamente justo, con un sentido del humor mordaz, comprometido, además, espera recibir lo que da. Abierto y divertido, conozco más anécdotas de sus hijos y de su juventud que, probablemente, algún miembro de su familia. Sé cuando escuchó por primera vez a Kraus o como ligaba con las chicas fardando de bicicleta. Sé que recuerda a todos sus alumnos y que se alegra profundamente cuando la vida les sonríe aunque sea trabajando en el Corte Inglés o con una plaza fija en uno de los museos más importantes de España. Sabemos tantas cosas de él y nos ha influido tanto su docencia que somos una escuela aparte, totalmente reconocibles, tenemos su toque escondido entre nuestras personalidades dispares. También hay quien pasa inalterable por hierros candentes, no crean.

Espero poder agradecerle más pronto que tarde una mínima parte de lo que me ha dado, y esto, no se paga con dinero.

3 comentarios

Noe -

Por cierto, hoy he visto a Arturo por la calle. Le he saludado con una sonrisa de oreja a oreja forzando la postilla de mi morrera hasta extremos inconcebibles. De sobra sabemos que él ignora el motivo. Estaba hablando con una señora y sólo he pronunciado un hola, pero de corazón. Ese cariño se percibe, se regala y se recibe de las personas que merecen la pena. Y seguro que Don Gustavo es una de ellas, espero que en tu próximo encuentro tengas más suerte que yo en el día de hoy. Un saludo Miguel.

Noe -

Hola de nuevo. Y qué razón tienes Miguel. No pierdas la esperanza hoy en día también exiten maestros (muy pocos)que educan a sus alumnos, no en una sóla asignatura, sino en la vida. A mí Arturo me enseñó a ser una "librepensadora", a valorar mi propia opinión, a dejarme aconsejar pero no llevar. La figura del maestro es absolutamente necesaria, y hoy en día, cada vez menos común. Es una lástima. El mundo en el que vivimos está perdiendo los valores éticos y morales, pero aquellos que los hemos recibido seguiremos fieles, aunque selectivos. Un beso muy grande, prontito nos vemos.

MIGUEL - Pub GRIS -

Me salía llamarte NOELIA, como se te conoce en la mundanal realidad, pero utilizaré el nombre de la RED, NOÉ, creo que da una visión más real de tu personalidad, ya que como al arca de Noe, parece ser que en tu persona se refugian variadas personalidades dentro de tu arca corporal.
Bueno respecto al tema de los profesores, tienes razón, el mío en realidad era MAESTRO, de los de antes, me daba clases de 2 de Primaría, cuando se estudiaba la lista de los Reyes Godos , y siempre le llamaba y le sigo llamando DON GUSTAVO, una persona entrañable que, me cobijo bajo su manto, enseñándome realmente como era el mundo y realmente como eran las personas, que no todas eran tan buenas como yo pensaba, pero que todas tenían algo que les hacía únicas en el mundo y merecedoras de respeto; y sobre todo me enseño a hablar, probablemente de esos precedentes viene mi profesión y el que hable a veces como un sacamuelas. Su forma de ENSEÑAR era tan sutil, que te quedaba en la mente sin darte cuenta, como cuando andamos bajo la lluvia y sin percatarnos nos mojamos y nos cala esa humedad que es reconfortante. No era un formador a la sazón, sino un AHORMADOR de mentes en resumidas cuentas un CICERON, SENECA y SOCRATES juntos.
Una de las razones por las que me enervo actualmente de la enseñanza a mis hijos, es que ellos no han podido tener un MAESTRO como yo tuve, han tenido personas que trabajan en ello pero sin alma para la docencia.
Bueno hablando del pasado nada solucionaremos, pero si que me gusta ver de vez en cuando a mi MAESTRO, DON GUSTAVO y tomarme un CAFÉ con él, sentir lo que el siente y sobre todo retroceder en el tiempo y sentirme frente a el como un alumno, ó como dirían los clásico, QUAM TABULAM RASA sobre la cual pueda escribir el maestro con tinta indeleble el SOFTWARE, como se diría actualmente, que nos permita ser humanos en un mundo cada vez más inhumano y sin valores.
Bueno nos veremos pronto.
Un cordial saludo.