Carmelo
Es un nombre importante para mí. En principio significó: ejemplo a imitar. Y después: seguridad. Me voy a explicar.
Ejemplo a imitar. Era el nombre de mi profesor de Historia, he tenido varios, pero él será siempre mi profesor de Historia. Me dio clases en el instituto. Es uno de esos hombres rudos con la voz grave que impone respeto desde el primer momento. Gracias a su ejemplo estuve segura de que acabaría estudiando Historia en la facultad. Aunque apareció Arturo y sus clases de Arte y el camino se bifurcó. La imagen de Carmelo se fue difuminando a medida que cumplí años para acabar siendo la de un jubilado con una lesión en el hombro que se pasea de bar en bar cubata en mano. Es un buen tío, aunque Carmelo sea el culpable de que me pierdan los calvos. La maldición de los calvos tengo que escribirla...
Seguridad. Es el nombre de mi vecino de arriba. Se trata de un hombre mayor y viudo de complexión grande y con gran sentido del humor. Era peluquero y como ahora está jubilado los jueves corta el pelo en su casa a sus amigos y vecinos (masculinos) porque Carmelo es el típico barbero. Como yo no he vivido en otra casa que en la que ocupo ahora mismo, salvo excepciones, y como vivo sola con Bisbe (gata siamesa), resulta que es mi navaja suiza particular. Si tengo cualquier problema no tengo más que subir a su casa. Es un encanto. Y su mejor virtud es la discreción, porque Carmelo lo sabe todo pero no cuenta nada.
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