El espejo
Toqué el cielo con las manos, rasgué un par de nubes y al llevarme los dedos a la boca, recuerdo aún el sabor a caramelo… A quién le importa que solo fuera mierda, en mis labios era caramelo. Cuál es el lado del espejo en el que debo quedarme, me pregunté, acaso saltar de un lado al otro y lesionarme arriesgándome a sentarme en el banquillo no sea la opción correcta. Estábamos desnudos, en la cama, a punto de dormir.
- ¿Estás bien? – preguntaste.
- No. – contesté.
Y tras un inmenso estruendo, que solo yo escuché, el espejo se hizo añicos. Aún no he descubierto en qué lado me encontraba, tal vez, la lesión fue producida por una dura entrada en el pie de apoyo cuando fui a rematar por la escuadra. O tal vez se produjo, por un empujón al lado del espejo en el que no quería estar. Ese que sabe a mierda. Resumen: roja directa o sabor a mierda.
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