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Inadorable y común de rostro

Síndrome de abstinencia aristotélica

Síndrome de abstinencia aristotélica

Sí. Uno de los males de la historia de la humanidad. Y pensarán que he acabado de tararme en estas vacaciones de Semana Santa, y seguramente tengan razón, pero explicaré esto antes de que me cuelguen el sambenito y me hagan desfilar capirote en testuz. El síndrome de abstinencia aristotélica tiene puntos de concomitancia con el apetito faústico, algo que si nos obsesiona, acaba por hacernos perder el norte y la razón. Y ya decía Goya: El sueño de la razón produce monstruos. En realidad este síndrome deriva de la casuística aristotélica, ya saben, causa-efecto. Y para que me entiendan mejor, o afinar en mis explicaciones, eso es exactamente lo que diferencia la realidad de la fantasía. En la ficción todo efecto tiene una causa y toda causa tiene un efecto, qué maravilla, ¿no creen? Eso es lo que no ocurre en la vida real, ni por asomo. Porque no hay causas, porque las cosas pasan y ya está, y eso nos consume, porque necesitamos entender el mundo que nos rodea. Sabina dice: y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Tanto es así que antes de quedarnos sin conocer el final de la historia nos la inventamos: cuéntame un cuento, dame locura porque si no luego me lo invento. Esta última era de Estopa. Y me ha dado por cantantes y un pintor a caballo entre el XVIII y el XIX, que podría haber puesto muchos más ejemplos. Les invito a que lo hagan. El problema viene cuando, como yo, prefieres la ficción a la realidad, la primera es un derecho, pero la segunda es la más jodida de las obligaciones, y al desempeñar éstas, es cuando se desarrolla este molestosísimo síndrome de los cojones que me tiene perturbada, y es que por más que lo intento señores, no les entiendo a ustedes. Falta coherencia en esta bola azul y verde donde vivimos, y es que hacen las cosas por hacer, dicen las cosas por decir, hablan por hablar, viven por vivir. Y al tratar de entenderles es cuando este síndrome se apodera de mí y me lleva de la mano por el sendero de los renglones torcidos de Dios. Entonces emprendo un viaje por la ficción. Última parada: Annie Hall.

2 comentarios

Noe -

Miguelillo eres una caja de sorpresas!! Me ha encantado tu comentario. En relación a rehuír la responsabilidad mediante el encubrimiento de la causa, estoy absolutamente de acuerdo. Lo que ocurre es que evitando su lógica interpretación con premisas falsas llegamos a la completa irracionalidad. Si califico la causa de inexistente es porque no trasciende y no se puede valorar.
Por otra parte, está lejos de mi intención equiparar al filósofo con un cantautor del XX ésto sólo es resultado de mi tendencia natural a citar cualquier cosa que pase por mi cabeza, en ocasiones, hay suerte y son bastante eruditas, otras, no lo son en absoluto.
Quiero agradecerte que vayas aficionándote a comentar artículos y te pido que no dejes de hacerlo.
Ya te invitaré a un tubito o una jarrita cuando nos veamos para discutir a gusto sobre Aristóteles. Un saludo.
PD. Como empiece a buscar la causa de la causa mi psiquiatra se cortocircuita... jeje, menos mal que no estudié derecho.

MIGUEL - Pub GRIS -

Amiga Noelia.
Leo tus notas sobre el síndrome de abstinencia de Aristóteles, en el cual parece ser que tu síndrome deviene de que la gente en ésta bola Azul, que supongo la tierra, actúa sin pensar y equiparas el no pensar con no tener una Causa que produzca un efecto. Disiento, al menos en éste punto, creo que la causa existe en el mundo real y no hay que buscarla en la ficción, el hecho de que la gente actúe como si no existiese la causa, es sencillamente que no quieren tener los precedentes de sus actos para buscar la irresponsabilidad y poder no hacerse propietarios de sus actos, manteniendo que se han producido sin ellos quererlos, siempre que les convenga a sus intereses.
Equiparar a SABINA, gran amigo de Juanma, con Aristróteles, es un profundo demérito para éste y un encumbramiento inmerecido para aquel.
Bueno ya hablaremos otro día sobre la Causa y efecto, sobre el olvido de la causa como sistema para la irresponsabilidad, pero como en Derecho decimos hay que ir más allá de Arístóteles y no hay que buscar la causa sino LA CAUSA DE LA CAUSA.
Arístoteles realmente era un pensador que creía más en la GENERACION ESPONTANEA de las Especies, lo que supone la no existencia de causa previa para su existencia, naciendo por arte de birlibirloque.
BUENO DEJO DE DISGREGAR MI PENSAMIENTO.
Saludos.