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Inadorable y común de rostro

La balanza de la justicia

Pedro González Calero relata en su Filosofía para bufones:

Dos amigos en litigio fueron a ver al cadí para que impartiera justicia.

Uno de ellos expuso el caso de esta manera:

-Mi amigo me ha traicionado. Entró en mi casa cuando no estaba, robó mi asno y mi dinero, y violó a mi mujer. Pido un castigo justo para él.

El cadí le dijo:

-Tienes razón.

El otro hombre entonces se defendió con estas palabras:

-Nada de eso es cierto: yo no robé aquel asno, sino que me lo llevé porque yo se lo había presado primero y él no me lo quería devolver. También me debía aquel dinero. En cuanto a su mujer, es cierto que hicimos el amor, pero fue ella la que se echó encima de mí, porque anda escasa de amor, ya que su marido no le hace caso. Cuando él ha llegado a casa nos ha sorprendido haciendo el amor y la ha emprendido a golpes conmigo. Es a mí a quien tienes que hacer justicia.

-Tienes razón- asintió el cadí.

-Pero, señor, no puede ser que los dos tengan razón.

-Intervino el ayudante del cadí.

Y el cadí le dijo:

-Es cierto. También tú tienes razón.

Fruto del relativismo nacen la mayoría de las dudas, y pobre de aquel que no dude nunca.

 

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