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Inadorable y común de rostro

Química

Química

Tomamos un cortado por la mañana. Yo estaba en un bar de Zaragoza y ella conduciendo un Kia negro, a más de trescientos kilómetros, cómo puede ser, ser preguntarán. Gracias al teléfono y a la tecnología Bluetooth, así es como compartimos un café por la mañana.

Hablábamos de mi visita al médico, como siempre, nuestra conversación acabó profundizando en el alma humana. Cómo. No lo sé. Estas dos aventureras siempre acaban haciendo paracaidismo en los lugares más insospechados. Discutimos sobre la química. Más que eso.

PREMISA SUSTANCIAL DE LA DISCUSIÓN:

Los sentimientos están provocados por la secreción de sustancias químicas y son alterables y regulables manipulando las glándulas que los segregan o contrarrestando una sustancia con otra.

CONCLUSIÓN:

El alma se asemeja pues a un laboratorio.

PARTIENDO DE LA PREMISA Y LA CONCLUSIÓN:

Ella se agarraba con uñas y dientes a un romanticismo decimonónico. No puede ser, repetía. Yo, como siempre, descreída y racional, dolida. ¿La Literatura y las grandes obras eran sólo química? Esto preguntaba ella, con un tono que confesaba conocer la respuesta. Pues nosotras tenemos las glándulas enormes, o ellos, el resto, muy pequeñas, sentenció. La conclusión a la que llegamos fue la de siempre, estamos taradas.

DIGRESIÓN:

La simple verdad supongo que se reducirá, como habitualmente suele ser, a tablas elementales y a cifras, potencias y algoritmos, alguna gilipollez de esas que se puede contar y comprobar. Que yo sepa, y por lo que llevo vivido, no es así. No lo será nunca. Si fuera tan fácil no habría libros malos, ni poesías ridículas, ni estúpidos.

La eterna lucha, ciencias o letras. Qué te voy a contar. Siempre he sido de letras puras a pesar del latín y del imbécil de mi profesor de Literatura, el mejor ejemplo del quiero y no puedo. El problema de las Humanidades es que maltrata a los mediocres, me refiero a esos personajes de privilegiadas memorias, cuyas notas (números), les han llevado de la mano hasta su cátedra, mediocres. Porque las Humanidades, sobre todo la Literatura, señala con el dedo a las almas bidimensionales, obsesionadas con el pan, y con el pan del vecino, maltratadores de almas.

Tras estas cucharadas de pensamientos desorganizados me pregunto de qué sustancias peco por exceso o por defecto para escribir esta sarta de tonterías. Qué le voy a hacer, sin la Literatura, sin la práctica de la Literatura, mejor dicho, porque la gran dama puede cubrirse de polvo en las estanterías, no soy, tan sólo camino, como, duermo.

Y la química para los químicos.

O para quien la quiera, porque en este mundo hay de todo, gracias al cielo.

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