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Inadorable y común de rostro

Lectora compulsiva

ASÍ NOMÁS

No voy a irme así nomás. Tendrán que echarme sin motivo. Yo y mis talones en la tierra decimos no, que aguantaremos.

Pueden mandarme vendavales o filatelias del agravio: la colección de mis descuidos, de mis erratas, de mis queridos disparates, de mis tropiezos evitables, de mis inútiles extravagancias, de mis escándalos de ateo.

No voy a irme así nomás, por algo aquí me concibieron y fui nacido y caminé descalzo sin herirme, dialogando con el silencio y con el mar y con las nubes, con lluvia y sol tan incesantes y siempre con algún secreto, minúsculo o tremendo pero mío, como una forma de eludir cierta carcoma inevitable.

No voy a irme así nomás. Si soy superfluo o desolado, la trayectoria de mis culpas se va y regresa con lo aprendido, y yo la espero aquí en mi noche.

No voy a irme y si me voy, será para estudiar la nada.

 

Mario Benedetti.

 

Poco más cabe decir, se nos fue, pero como alguien ha dicho... un poeta no muere, siembra.

La balanza de la justicia

Pedro González Calero relata en su Filosofía para bufones:

Dos amigos en litigio fueron a ver al cadí para que impartiera justicia.

Uno de ellos expuso el caso de esta manera:

-Mi amigo me ha traicionado. Entró en mi casa cuando no estaba, robó mi asno y mi dinero, y violó a mi mujer. Pido un castigo justo para él.

El cadí le dijo:

-Tienes razón.

El otro hombre entonces se defendió con estas palabras:

-Nada de eso es cierto: yo no robé aquel asno, sino que me lo llevé porque yo se lo había presado primero y él no me lo quería devolver. También me debía aquel dinero. En cuanto a su mujer, es cierto que hicimos el amor, pero fue ella la que se echó encima de mí, porque anda escasa de amor, ya que su marido no le hace caso. Cuando él ha llegado a casa nos ha sorprendido haciendo el amor y la ha emprendido a golpes conmigo. Es a mí a quien tienes que hacer justicia.

-Tienes razón- asintió el cadí.

-Pero, señor, no puede ser que los dos tengan razón.

-Intervino el ayudante del cadí.

Y el cadí le dijo:

-Es cierto. También tú tienes razón.

Fruto del relativismo nacen la mayoría de las dudas, y pobre de aquel que no dude nunca.

 

Markus Zusak

La ladrona de libros. Uno de los mejores libros que he leído últimamente. La verdad es que me hechizó, es duro y complicado, pero reconfortante.

Sale victorioso de múltiples comparaciones a la carta.

Consigue encoger el corazón gracias a la buena literatura, todo es sorprendente, desde la estructura hasta la trama, la historia sobrecogedora... y la narradora... aún más si cabe.

Me arrancó lágrimas y alguna carcajada, me llevó donde quiso y me sorprendió siempre. Lástima que mi nivel de conocimiento de la lengua inglesa no me permita leer la versión original obligándome a caer en la traducción, sospecho que no es mala.

No me gustan los temas manidos, esas historias mil veces repetidas, nacidas todas del mismo tronco de roble, el que siempre tiene salida. La II Guerra Mundial, la ideología nazi, campos de concentración, judíos y Hitler son temas que consiguen audiencia por sí sólos pero Zusak ha conseguido construir algo nuevo, ha cambiado la perspectiva, ha hilado los hilos como una araña experta y creativa. una pincelada de un color inventado.

Una perla que se convirtió en capítulo: Las nieves de Stalingrado.

Es uno de esos libros que dejan huella, los que no se pueden olvidar.

Lo sé. Parece un telegrama. Ya perdonarán, pero es que últimamente vivo a empujones.

La elegancia del erizo de Muriel Barbery

La elegancia del erizo de Muriel Barbery

Más que una novela es un tratado filosófico, y me ha seducido por esto, y no por su calidad literaria a la que patea en el culo de mala manera con un final recurrente y, en mi humilde opinión, incorrecto.

No obstante el libro se salva de la quema de lejos. A temas tan interesantes como el trauma de la pecera, le siguen reflexiones brillantes sobre la naturaleza y el entendimiento humanos. Seguir dos hilos conductores a la vez, entretejerlos, imbricarlos, hacerles coincidir... es interesante. Echar mano además de grandes frases acometidas por grandes hombres convierten a esta novela en manos de un fanático en una libreta de dibujo, llena de garabatos, de flechas... e incluso, al ladrón despistado le ofrece alguna frase y muchas ideas que robar, y al vampiro, sangre que succionar.

El trauma de la pecera se basa en que la lucidez hace amargo el éxito, mientras que la medocridad alberga siempre alguna esperanza. Así es como, al principio del libro, se catapulta esta primera imagen. Quienes aspiran a mucho siempre acabarán frustrados aunque lo consigan porque quien siembra deseo, recoge opresión (undécima tesis de Feuerbach). Todos somos peces en la misma pecera. Y de eso trata, de cómo la lucidez ha de disfrazarse de mediocridad para guarecerse del resto de mediocridad humana existente, y lo innecesario de esta actitud. Además no se deja de apuntar hacia lo absurdo de la vida, que nunca está de más.

Las neuronas

La novela. Más vicios: café, tabaco, poesía, vino tinto, cine... La verdad es que cuando comento una novela no es nunca un comentario objetivo y literario como nos enseñaron en la escuela. Simplemente escribo. No esperen críticas supercalifragilisticoestupendas sobre libros de actualidad que les guíen por la selva literaria existente. Simplemente combato el insomnio. Mis armas: literatura, cine, series... aunque ahora que pienso... quizá lo que hago es entretenerlo. Recuerdo a una compañera de facultad, Pilar, que me decía: Las noches cunden mucho. Y qué razón tenía. Bueno pues entretengo al insomnio leyendo y escribiendo sobre cosas que leo y sobre cosas que me sugieren las cosas que leo. Qué tontería. Voy a abrir rendijas hacia mi lastimado cerebrito para que aprecien mis maltratadas neuronas. Yo estoy aburrida de ellas pero puede que hagan gracia. Nunca se sabe.